Brunch en Barcelona – Picnic

PICNIC

Situado en una peculiar esquina cerca del Arc de Triomf, este local te acoge en su pequeña terraza, en una mesa normal en su interior o en mesas altas con taburetes. Un lugar con brunch estilo… español con tapas innovadoras.

Carrer del Comerç, 1
08003 Barcelona
Barrio: El Borne
935 116 661
 

Horario de día:
Lun-Vie    : 13:00h – 16:30h
Sáb-Dom : 11:30h – 16:30h
Horario de noche:
Mar-Sáb  : 20:00h – 02:00h
Horario brunch:
Vie: 13:00h – 16:30h
Sáb, Dom y festivos
11:30h – 16:30h
 
Pago con tarjeta:
Reservas:
Precios: 10-20 €
Wi-Fi:
Servicio a la mesa:
Terraza: sí, 3 mesas
Música: música de fondo
Alcohol:
Ruido: medio-bajo
Sofás: no
Extras: tienen revistas y te traen caramelos sugus con la cuenta

Reservar una mesa en el Picnic, por teléfono, fue muy sencillo, aunque lo que nos reservaron no fue exactamente una mesa, sino unos asientos altos que tienen en una mesa alta muy peculiar. Las sillas son muy cómodas, hay buena luz en la mesa y se encuentra un poco apartado de las mesas normales. Al mirar la carta vimos que de los típicos platos de brunch solo había dos, pero tenían una variedad de tapas muy originales que llamaba mucho la atención. Pedimos unos huevos benedict, donde pudimos elegir salmón ahumado en lugar del bacon, que venían acompañados de unas patatas y ensalada y recubiertos de una salsa holandesa un poco picante. De las tapas pedimos los tomates verdes fritos, la calabaza con haloumi, un queso griego, y la burratina, las tres muy originales y deliciosas. El concepto de poder pedir tapas en un brunch es muy interesante porque te da la posibilidad de tener todavía un poco de sitio para que quepa también un postre. Y así probamos el cheescake, el crumble de ciruela y la tarta del día, que ese día era de limón. Tardaron bastante en traérnoslos pero sin duda mereció la pena esperar para podernos ir completamente satisfechos y despedirnos de las varias camareras que nos sirvieron, la mayoría de ellas majas.
Toda la decoración del local es muy acogedora, con mucha luz que entra por las grandes ventanas y cada esquina aprovechada. El clima no era lo que se definiría calientito, sin embargo habían también unos temerarios sentados en la terraza que se encuentra en una esquina entre dos calles bastante tranquilas. La música era agradable con un volumen para nada molesto que nos permitía hablar sin necesidad de levantar la voz para hacernos escuchar. Si alguien llega con cochecito de bebé, hay bastante sitio en la terraza y adentro cabrían uno o dos. El local tiene a disposición una sillas altas para que los niños estén sentado a la misma altura que los adultos. Los baños son pequeñitos, pero limpios y ellos también bien decorados. Un pequeño detalle que tuvieron, y que siempre queda bien, fueron los caramelos sugus que nos trajeron con la cuenta.

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