Brunch en Barcelona – Milk

MILK

Acogedor local en el casco antiguo de Barcelona con sofás y decoración que te trasladan a otra época, donde sirven unos pancakes de arándanos y… sirope de arce difíciles de borrar de tu memoria.

Carrer d’En Gignàs, 21
08002 Barcelona
Barrio: Gótico
932 680 922
www.milkbarcelona.com
Carta con precios en la web

Horario:
Lun-Dom   : 10:00h – 02:00h
La cocina cierra de 16h – 18:30h

Horario brunch:
Todos los días
10:00h – 16:00h

Pago con tarjeta:
Reservas:
Precios: 10-20 €
Wi-Fi: no
Servicio a la mesa:
Terraza: no
Música: agradable pero un poco alta
Alcohol:
Ruido: medio-alto
Sofás:
Extras: tienen periódicos los fines de semana

Lo ideal después de la noche de Halloween es ir a tomar brunch y esta vez hemos ido a probar el brunch del Milk. Tras varios días de lluvia, en Barcelona había vuelto el sol pero entrar al Milk fue como volver a un día oscuro. La iluminación es agradable, pero al estar situado en una pequeña callejuela del barrio gótico, es imposible ver si afuera en realidad hace buen tiempo. La tarde anterior intenté reservar mesa por teléfono y el camarero me dijo que no era posible, pero a la mañana siguiente tuve más suerte y me tomaron la reserva para cuatro personas. El lugar es de un tamaño mediano y a las 12 del mediodía estaba muy lleno y aunque en la calle hiciera fresco, en el interior hacía demasiado calor y no había recambio de aire. Si no te importa levantar un poco la voz mientras hablas, aquí puedes escuchar música mientras vas teniendo una conversación un poco animada.
Nos trajeron las bebidas al poco rato de pedirlas, ya que la camarera no entendió de lo que estaba hablando, mientras que para la comida tuvimos que esperar un buen rato. Probamos varios platos y los pancakes son sin duda los mejores que haya comido hasta ahora, mientras que los huevos benedict eran regulares, con pan de chapata difícil de cortar y se presentaban de un tamaño mediano-pequeño. La hamburguesa BB deluxe, de un tamaño más bien grande, tenía muy buena pinta, mientras que el Monte Cristo parecía, entre lo que pedimos, lo más ligero. Al poco rato de acabar de comer nos quitaron casi todo de la mesa y pusieron encima el cartelito de “reservado”.
Volveré al Milk, pero en un día frío de invierno, cuando se agradece un lugar caliente que no te hace pensar en el clima que te espera en el exterior.

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